martes, 6 de noviembre de 2018

Capricornio*

No es que me guste la crueldad. Es que soy demasiado real. Y la realidad es demasiado cruel. Aunque ahora, en realidad... Quiero decir que soy un personaje de ficción, así que, más bien, sería ficcional. Pero así y todo. Tan real. Es que no hay nada más espantoso que la vida, dicen, incluso en la ficción. La vida en la ficción. Como esta vida mía. Cruel. Como yo. Cruela de vil. Y no es que ame torturar perritos. Más bien me atraen las personitas. O me atraían. Si eran cruelas como yo, mejor. Es decir, reales. Aunque fueran reales en la ficción. ¡¿Qué más realidad que la ficción queremos, ah?!
En fin, lo que les quería contar como personaje de ficción que tiene en esta oportunidad la posibilidad de narrar su propia historia (quizá me acusen de intradiegética pero no me importa) es que ayer lo vi. ¿Por primera vez después de cuánto? ¿Uno, dos años desde que rompimos? Y quería escribir sobre eso. Pero me senté frente al papel y no me salió nada. Porque en realidad lo vi y no me pasó nada. Ni bueno ni malo. Nada. Nada que sea algo. Algo, digamos, digno de ser narrado.
Lo saludé desde lejos. Estaba ahí. Frente a mí. A unos metros. Durante horas. Con sus ojitos de vaquillona camino al matadero y su carita de anita la huerfanita. Y supe inmediatamente que me podría haber dado ternura. Lo pensé. Esto, pensé, podría darle ternura a alguien que fuera como yo pero que tuviera sentimientos. Yo no tengo sentimientos. Ni buenos ni malos. Nada. Podría levantarme, pensé, recorrer esos dos o tres metros que nos separan y abrazarlo. Pero estoy muy ocupada, no tengo tiempo. De levantarme. De caminar. De recorrer dos o tres metros. De saludarlo con un abrazo. De volver a recorrer esos metros en sentido contrario y sentarme nuevamente. No tengo tiempo para sentir ternura. Tengo mucho trabajo. Una lista interminable de pendientes, de cosas por hacer. Y yo soy muy de las listas. Nunca las termino de cumplimentar del todo. Pero igual las respeto y voy tachando lo que hago y sumando las nuevas tareas por hacer. Porque mi segundo nombre es éxito, creo que no se los había dicho. Y el éxito no llega solo, lleva trabajo, esfuerzo, compromiso, responsabilidad, tesón. No hay tiempo para ternuras.
Revisé mi lista de cosas por hacer para corroborar si sentir ternura era una de mis tareas para ese día. Pero no.
Así que lo vi y no sentí nada. Y no es que me haga la deconstruida. Porque no les voy a mentir. Alguna que otra vez me enamoré. Y después del amor viene el desamor, el sufrimiento, el llanto. Yo ya hice todos mis melodramas, mis escenas teatrales, mis arrastrarse por los rincones. Pero ahora no tengo tiempo. Y no es que me haga la desafectada o la insensible. Pero no siento nada. Ni bueno ni malo. Tampoco me hago la deconstruida, ya lo dije. Pero no es por incapacidad. Porque si quisiera podría tomarme el trabajo de deconstruir el amor romántico. Sólo tengo que sumarlo a la lista de tareas pendientes. Tarde o temprano la voy a terminar tachando. Listo. Ya deconstruí el amor romántico. Pero hasta ahora no tuve la necesidad. Porque en realidad a mí el amor romántico no me afecta. Porque no siento nada.
El asunto es que quería contarles una historia y siento que estoy dando vueltas en círculos sin poder contar nada (aunque ya anden por ahí tratándome de intradiegética). Yo quería contar la historia de la crueldad. La crueldad del amor. Pero no sé contar, no sé narrar. Sólo sé balbucear e intentar ordenar esos balbuceos en palabras que siempre me tergiversan, no sé cómo explicarlo. Lo intento exponer y vuelvo a dar vueltas en círculos. De pensamientos. De sensaciones. De balbuceos.
En fin, lo que quería contar es que ayer lo vi. Y no me pasó nada, no sentí nada, ni bueno ni malo. Nada. Nada que cuente como algo. Nos devolvimos algunas cosas, alguna llave de un departamento en el que ya no vivo, algún par de medias de hace años que ni sabía que era mío y que ya no quiero usar (la moda de las medias es muy abrupta y no me voy a arriesgar a que me acusen de vintage).
Lo intento y vuelvo a los círculos. Pero la verdad es que no estoy para balbuceos. No tengo tiempo. El amor lleva tiempo. El desamor más todavía. ¿Y después qué? ¿Intentar recuperar el tiempo? ¿Retomar la lista de tareas pendientes para notar que no hizo más que crecer y crecer y crecer mientras perdía tiempo en el amor, primero, en el desamor, después? Y no es que ande por ahí haciéndome la deconstruida. Ya se los dije. Tampoco es que sea insensible. Pero la verdad es que no siento nada. Ni bueno ni malo. Nada. Por nadie. Ni por ningún par de medias. Ni por ninguna llave de un departamento en el que ya no vivo. Nada de nada. Nada que sea algo. Porque los balbuceos no los puedo traducir en palabras, no los entiendo. Y lo único que importa son las palabras. Sobre todo ahora que soy yo la que está narrando, aunque me vean por la calle y se crucen a la vereda de enfrente murmurando “miren ahí va la intradiegética esa del par de medias”. No me importa lo que digan de mí.
Llamenmé deconstruida si quieren. Pero no. Porque el amor lleva tiempo. Y yo ya hice todo lo que tenía que hacer en el amor, primero, en el desamor, después. Ya hice todos mis cariños, todos mis poemas, todas mis escenas de teatro y mis performances melodramáticas. Porque eso sí, soy muy creativa para la maldad. Tengo mucho talento. Para la bondad, en cambio. Ahí soy más bien mediocre. Y esta vez no sentí nada. Ni maldad ni bondad. Entendí que el amor lleva tiempo y deviene en desamor que lleva luego más tiempo y adviene nuevamente otro amor y otro desamor. Tiempo, tiempo, tiempo. Y yo tengo muchas cosas que hacer. Una lista de pendientes que crece y crece.
Llamenmé desafectada. Insensible. Deconstruida. Intradiegética. Vintage. Lo que quieran. No me importa. Porque no tengo tiempo para ofenderme o enojarme por lo que ustedes piensen de mí. O para indignarme. O para sentarme a sentir ternura por esos ojitos tristes. O a sentir algo. Aunque no me siente y me quede parada. Algo que valga como algo. Narrable o inenarrable. Pero algo. Y yo no siento nada. Nada de nada. Porque el amor (ese balbuceo) es nada. Y el desamor (otro balbuceo) es más nada. Nada de nada. Y ni hablar del poliamor (más y más balbuceos) o del polidesamor (pufff, ya perdí la cuenta de tanta nada). Y yo estoy acá para algo, no para nada. Tratando de hacer algo. Que cuente como algo, pensé.
Revisé mi lista y taché una de las tareas pendientes.

"Capricornio", colección Zodiaco, editorial Tolomochxs, La Plata, 2018.


domingo, 12 de noviembre de 2017

La Resentimiento

Directamente desde
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 Pamela Borges Editora junto a monosbobos.blogspot.com.ar 

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sábado, 5 de agosto de 2017

Un año de sufrimiento

Llegaste un día a arruinarme la vida. No sé si caminabas puto, si te vimos llegar o nos tocaste el timbre, no me acuerdo. Pero trajiste la peste a la ciudad con tu pantalón verde manchado con líquido preseminal y contaminaste todo el ambiente con tus perfumes ricos, lubricaste a escupidas cada rincón, cada hueco, ensuciaste todo con tu aliento, que iba matando cada objeto sin vida. Con tu rabito meneador descascaraste todas las paredes, se cayó el cieloraso y ahora entra agua cuando llueve. Vas humedeciendo todo por donde pasás. Se me llenan los rincones de moho y ya no tengo dónde esconderme cada vez que me amenazás con sacarme todo, dejarme tirado, desnudo, a la intemperie, desprotegido. Porque tu boca es una amenaza, un arma de destrucción masiva. Y te doy todo a cambio para que, al menos, tengas un poco de piedad y me dejes vivir. Si respirás cerca me dejás sin aire, me empiezo a ahogar, golpeo el piso fuerte, el techo, las paredes. Comienza a caerse todo, lo poco que queda en pie. Las ruinas caen sobre mi cabeza, me golpean, me noquean, me mojan y me secan al mismo tiempo. Un pedazo de techo me raja un pezón, me lo aprieta, lo retuerce y me deja sangrando. Todo se vuelve sangre y polvo, se forma como una masa, un adobe sobre el que piso y me entierro como en una arena movediza. Se me empastan las zapatillas y tengo que seguir adelante porque la tesis. Y porque la vida, que no sé lo que es. Ni la una ni la otra. Tengo que dejar las zapatillas, descalzarme. Igual mejor, porque son deportivas y no te gustan. Sigo arrastrándome, nadando en un masacote de manteca y harina, ensangrentado y llorando. Pero no soy yo que lloro. O sí soy yo. Pero las lágrimas son tuyas. Vienen como de afuera. O de adentro mío, pero tuyas. Sigo arrastrándome y los pedazos de cieloraso y vidrios rotos me rasgan la ropa que se va convirtiendo en añicos. No sé bien qué significa añicos, porque junto con mi ropa, que se va deshaciendo, volviendo nada, polvo, también voy perdiendo la capacidad del lenguaje, del habla. Solo me queda el quejido, el gemido, el chillido de dolor y desesperación. Mientras estoy desnudo en las ruinas de mi casa (completamente desnudo no, en bóxer, todo mojado enmohecido bulteado por tu presencia cercana que lo destruye todo). Mientras estoy desnudo, decía, sigo el camino que me proyecta tu aliento para escapar de las ruinas y salir hacia la nada. Porque eso es lo que hay cuando se terminan las ruinas: nada, la nada, el naderío, la nada misma, la misma nada. No sé cómo explicarlo. Algunos le dicen amor, pero yo no creo mucho en eso. Porque hay nada y en el medio de la nada, tu aliento, que lo envuelve todo. En realidad en el medio no, porque ocupa todo el espacio. En el todo de la nada, tu aliento, que es todo, que es nada. Y me tomo de la mano. Pero no de vos, de tu aliento, en medio de la nada, en todo de la nada, en nada de lo todo. Porque es tu aliento el que me guía hacia vos. De la mano y borracho de tu olor, narcotizado con tus líquidos, con tu sudor, con tu semen, con tu culo que me ahoga y no me deja respirar. Hasta encontrarte y volver a ser inmanente. En realidad ya era inmanente, nunca dejé de serlo, pero ahora, con vos, más inmanente que nunca, inmanentísimo, inmanentísima, inmanentísimxs abrazados y untándonos, como a una tostada, con las ruinas, el polvo, la sangre, el semen, la manteca, el techo, los restos, los destrozos y la nada, que es el amor (o la nada que es el amor, sin coma) que también es lo todo.


(Octubre de 2016)



miércoles, 2 de agosto de 2017

como toda wondermujer

Crítica de Wonder Woman (Patty Jenkins, 2017)
por Gladyc, la despechada

Como toda mujer, me emociona una flor, un te quiero, mil cosas. En este caso, me emocionó la película de la mujer maravilla (A.K.A. la mujer wonderwoman). Yo soy débil y fuerte a la vez, con virtudes defectos y qué, como toda mujer, como aquella y usté y también como la mujer wonderwoman que es como toda mujer como todas como aquella y usté, y como yo, que escribo esta crítica de cine y no soy la Catalina Dlugui, sino que soy la Gladyc (A.K.A. La Resentimiento), por eso no pienso como ella que:

“el guión se extiende mas de la cuenta y el horror esta de parte de los alemanes y las armas químicas, Ares esta personificado en un político ingles… Entretenida, con una buena actualización del uso del lazo dorado, buen diseño del traje de la heroína, con romance triste, efectos especiales justos, su único “pecado” son las casi dos horas y media de duración. Entretiene y ya vendrán las secuelas.”

En primer lugar no pienso como la Catalina porque yo pienso que tanto el verbo “está” como  el adjetivo “inglés” y el adverbio “más” se escriben con acento (aunque, claro está, en este último caso, diacrítico). En segundo lugar, no pienso que le sobre nada a la película. O, en todo caso, le sobra un poquito una historia de amor, un “te amo wonderwoman aunque estés sorda por las explosiones de Ares que es el dios de la guerra etc”, porque a la mujer maravilla no le hacen falta los hombres para la autosatisfacción sexual, tal como le comenta Chris Pine que queda chiquito en la película, no sólo porque es petiso sino porque es una cosita chiquita al lado de la mujer maravilla que no necesita de los hombres para el placer. No como una, que extraña tanto y sufre tanto por amor. Por algo ella es la wonderwoman, porque la tiene clara.
Así que, para concluir, a esta película le voy a poner 5 atilios y le resto uno por la historia de amor que para mí es innecesaria. Aunque, por otro lado, también es una película de Hollywood y Hollywood no hace más que contar siempre la misma historia, el maldito amor romántico. Como para no arruinarnos la vida. Siempre nos vende el mismo cuento y nos la creemos como idiotas y sufrimos por amor y por desamor y desengaño por favor volvé conmigo, quereme un poquito te prometo que voy a cambiar quién te va a querer como yo sin vos la vida no tiene sentido y demás. Pero esas reflexiones mejor se las dejo a La Resentimiento, que escribe en otros lados (aunque seguramente la invitaremos a compartir sus experiencias en este blog), para no confundir a los lectores. Así que se entiende que por ser una peli de Hollywood no puede no vendernos esa idea del amor que es lo único que Hollywood hace, así que se lo perdono y le sumo el punto que le resté y quedan, por ahora, cinco atilios.
El error más grave de la película, por el que sí le voy a restar otros dos atilios, es que el nombre de la madre de la Diana, muy por el contrario de lo que una como espectadora se podría esperar, se llama Hippolyta. Eso para mí que no permite mucho la identificación de las niñas como una porque la madre de quién se llama Hippolyta. Mucho muy distinto hubiera sido si la madre de la Diana, la mujer wonderwoman, se hubiera llamado Martha, como la madre del Supermán y como la del Batmán, eso sí que hubiera tenido sentido. Ah, ahí sí que hubiera logrado la identificación, porque la Martha se puede llamar la madre de cualquiera, a pesar de que, como ya expliqué, la mía se llama Mónica (besito, besito) pero tengo una tía que se llama Marta, pero sin hache, y quién no tiene una tía o una madre o una gata o un algo que se llame Martha o Marta. Pero no, la de la mujer maravilla se llama  Hippolyta ¿a quién se le ocurre? Así que le resto dos y van 3 atilios por ahora.
Otra cosa que sí me gustó es que ella sea un chonguito, que use ropa de varoncito y no entienda por qué las ropas de mujeres, los corsé y demás, son tan incómodos que no le permiten a una levantar la pata para encajar una buena patada en la geta. También me gusta cómo termina reclutando a todas las gentes defectuosas para ir a la guerra. Es como en una película de Pixar la conformación de una comunidad de afectos de los defectuosos, de los marginales. Yo creo que eso le gana a la pedorra historia del amor romántico con Chris Pine (A.K.A. Steve Trevor) que ya dije que para mí sobraba. Por eso le sumo un atilio y también le resto uno que es el que ya le resté, así que van 4 atilios aproximadamente. También en esta película está la Claire Underwood (A.K.A. Robin Wright) que acá se llama Antiope, no se entiende por qué y ya no usa esos estiletos tan lindos como cuando es presidenta o vicepresidenta o embajadora o primera dama, acá no es nada de eso, pero igual está y en vez de amenazar gente, como hace cuando usa estiletos, acá le anda clavando unas lanzas largas a las gentes como diciendo acá la más poronga soy cho, como también le dice a Francis Underwood como cuando le dice “yo te hice presidente, pelotudo”, que en realidad lo de “pelotudo” no se lo dice, sino que lo agregué yo, es como una licencia poética. Y no se entiende muy bien cómo pasa de ser presidenta o vicepresidente o primera dama o embajadora a ser en la mujer maravilla la hermana de la reina amazona o la tía de la princesa amazona, que vendría a ser la mujer maravilla, que se llama Diana Prince, aunque, como ya dije, debería llamarse también Martha. Así que por eso le sumo un atilio y le resto también un atilio, que me da como resultado 5 atilios de puntaje de esta película (que sería un total de 5 sobre 5 atilios), la de la wonderwoman que es como toda mujer, excepto que ella no necesita de los hombres y quien escribe no hace más que sufrir por amor, aunque no se llame La Resentimiento, sino Gladyc, que tampoco es la Catalina Dlugui.

lunes, 27 de febrero de 2017

reflexión apresurada (y tonta)

Siento que mi vida es como una entrega de los Oscar, en donde soy premiado pero después me aclaran que se equivocaron de tarjeta y el premio no era para mí, que siga participando, que igual todo bien. Nunca gané un premio, ni una rifa ni nada. En mi CV, en la parte de “Distinciones – Premios” no pongo nada. Porque nunca gané nada. Ni una rifa. Ni un sorteo. Ni el chanchomóvil. Igual mejor, mirá si después me dicen que se equivocaron de sobre, ¡Qué quemazo! Mi vida digo, no la entrega de los Óscar, que igual es siempre un quemazo. Esto, por lo menos, fue divertido. La entrega de los Óscar digo, no mi vida.


martes, 17 de enero de 2017

(auto)reflexiones en el tigre (una respuesta)

Vení para acá que te quiero decir una cosa. Yo chupo pija por placer, no te la chupo de favor, no espero nada a cambio. El acontecimiento es la pija en mi boca, jugosa, lechosa. No chupo por amor. No hago nada por amor. El amor me la baja. O, mejor, el amor me lo cierra, me lo contrae, me lo cose, me lo anula, me lo castra. Me estoy refiriendo al culo, aunque venía hablando del pete. Así que tendría que cambiar el clítico para referirme a la geta y decir me la cierra, me la anula, me la cose, me castra la boca. No soy una buena mujer, es verdá. Tampoco soy un buen hombre. No me gusta ser buen nada. Prefiero la inconveniencia, devenir incómodx (con perdón de la palabra devenir que no le sé qué significa). No sé cambiarte un enchufe ni armarte un mueble ni proveer dinero al hogar. Tampoco sé poner la mesa. No te puedo cantar que venga yo le doy mi lugar que recoja tu mesa, que lave tu ropa y todas tus miserias porque no hago ninguna de esas cosas, aunque no entiendo bien si las miserias se lavan o se recogen. Yo a las miserias me las re cojo, con el culo, con la boca, con la pija, con el antebrazo, me las froto todas, las lamo, las lleno de saliva, de guasca, de gel lubricante, me las meto bien adentro. No soy una buena puta tampoco, no califico como puta, me falta para puta. No sé qué. O me sobra. No sé qué. Actitud buscona, eso te falta. No soy una buena puta que no te hace preguntas y siempre está dispuesta que cuando está contigo va vestida de princesa. No soy un buen marido ni una buena mujer. No soy buenx en nada. Algo tenés que ser. En algo tenés que ser bueno. No, no quiero ser nada, no quiero ser buenx en nada. Soy una miseria que hace rizoma con tus miserias y se las frota por todas las partes.


domingo, 21 de agosto de 2016

mi regalo del día del niño

Para este día del niño quiero decir que cho también tengo a uno adentro, que está muy muy adentro, pero está, medio metido junto a la señora mayor que también tengo adentro, y a otras gentes que no sé por dónde adentraron a no ser que haya sido por el ano, que ya a esta altura etc. Cuestión que como también tengo un ninio en de dentro, también quiero mi regalo del día del niño y como lo tengo, ya les dije, muy adentro, tendría que ser un juguete que también sea para de dentro y que se pueda compartir y salir a jugar con otros niños, también de de dentro, como ser, por ejemplo, un didlo de dos puntas. Por eso, no sé si le tengo que pedir a papá noel que son los padres o a los reye mago que también sé que son los padres o a quién, pero quiero un dildo de dos puntas de regalo del día del niño. No sé si capaz se lo tenga que pedir el regalo del día del niño a los padres, quizá, que no sé si son los padres, pero lo importante es que quiero mi dildo de dos puntas y lo quiero ya ya ya ya.